27 de enero de 2012

La caja de las sonrisas perdidas

Cuando era chica pensaba que el Ratoncito Pérez tendría todos los dientes de todos los niños guardados en un almacén, en miles y miles de cajas de cartón, ordenados y catalogados para tenerlo todo bajo control. Con la cantidad de niños que éramos en el mundo, y los dientes que cada uno mudamos, haría falta tanto espacio...

Ahora imagino que tiene que haber algún sitio en el mundo donde se estén guardando todas las sonrisas perdidas.

Hace un par de inviernos, el segundo que pasé aquí en Andalucía, pasamos 4 meses de agua continuada. Apenas vimos el sol en esos meses un par de veces durante más de dos días seguidos. A la gente se le notaba en el carácter. Aquí se disfruta del sol, de la calle, de la gente y del buen tiempo. Y ese invierno nada de eso era posible. Los caracteres de la gente comenzaban a agriarse y escuchabas contestaciones malsonantes y que no le pegaban nada a gente que en condiciones normales eran todo candor y buenas palabras.

Con esto de la crisis está pasando lo mismo. Lo mismo pero a lo bestia.

La mayor parte de la población estamos permanentemente en una situación de angustia descontrolada, de incertidumbre, de "miedo" al qué va a pasar... Muchos de los que han perdido la sonrisa también han perdido su trabajo. La mayoría de aquellos que conservan su trabajo, viven con ansiedad constante por no saber qué va a ser de su puesto de trabajo mañana, pasado mañana y al otro...

El otro día mi amiga M me decía "lo peor es que no está en nuestra mano". Y es cierto, la mayoría de todos los que viven con la intranquilidad de no saber qué les depara el día siguiente tampoco pueden hacer mucho más. Al punto que ha llegado la situación, que te dejen sin trabajo o no es algo que no depende de uno mismo...

Comentábamos M y yo, aquí el que no se consuela es porque no quiere, que al menos nos tenemos a nosotros (refiriéndose a la cuadrilla) y somos capaces de pasar la tarde del sábado con un café intentando arreglar el mundo y echándonos unas risas (de esas de las que cada vez quedan menos). Fue decir esa frase y pensar en nuestras vidas si ni si quiera tuviéramos a esos que nos rodean y nos ayudan a pasar este tipo de situaciones lo menos mal que se puede: "Calla tía, que ha sido pensar que ni si quiera tuviéramos esos momentos de esparcimiento y dejar la mente que se libere y se me ha puesto un mal cuerpo..."

Necesitamos encontrar esa caja con todas las sonrisas perdidas y devolverlas a sus legítimos dueños. Parece una chorrada, pero si evitamos las caras mustias el estado anímico general mejora aunque sea mínimamente, que ya es algo. Yo me paso el día intentando sonreír y recordándoselo a los demás a diario (ahora me he enganchado a eso del Twitter y todas las mañanas con los buenos días recuerdo a mis followers que hay que sonreír un poquito!).

Lo dicho, mientras que la cosa mejora o no, entre que salimos de esta que tenemos encima o no, una sonrisilla de vez en cuando hace milagros! O por lo menos evita amargarnos más! :-)

1 comentario:

Adrián dijo...

Una sonrisa... ¡Y hacer más el amor! No permitamos que nuestros corazones y nuestra sexualidad también acaben enmohecidos como las monedas, rotos como los billetes.